El mundo ha sido creado solamente por Dios


El mundo ha sido creado solamente por Dios


«En el Principio, Dios creó los Cielos y la tierra».

Dios ha creado todas las cosas de la nada de sí mismas, es decir, que nunca existieron, que sólo se dan en la Mente Divina, no en otra mente, y de la nada de sus sujetos, es decir, ninguna de las cosas aportó nada a su producción.

El Universo no proviene de una masa caótica eterna, ni de las fuerzas de la materia o de la energía, ni es una emanación de la substancia divina, ni es la delimitación de Dios constituyendo las diversas criaturas, ni es Dios o lo divino que se manifiesta o evoluciona de muchas maneras.

Dios, como causa principal, es el que ha creado todo lo visible y lo invisible. Esto es un dogma de fe, una verdad absoluta.

Lo que no es dogma de fe es decir que Dios ha creado el Universo en su materia total, al instante, sin causas instrumentales, ya visible y perfecto, sin grados en esa producción.

En la Creación del Universo se dan otras causas instrumentales. Porque Dios no crea todo el Universo en un acto. Sino que crea el Principio de la Vida. Y toma ese Principio de la Vida como causa instrumental para ir creando, en los Días de la Creación, lo demás del Universo.

«En el Principio»: no se refiere al principio del tiempo.

El Universo no es creado en el tiempo, pues el tiempo, como los hombres lo conciben, no existe en Dios.  Dios no pone en marcha la creación de su obra en algo que no existe para Él.

Muchos católicos quieren imponer la idea de que el Universo ha sido creado en el tiempo. Para eso, siguen la opinión de sus teólogos que dicen que, aunque la creación es eterna porque es un acto de Dios, y todo acto de Dios es eterno, sin embargo, para estos pensadores, como es sacada fuera de Dios, entonces la creación se convierte en temporal, ha sido creada en el tiempo. Introducen en su pensamiento una idea falsa: como Dios saca de Sí la creación, entonces ésta pierde su eternidad. Esto, nada más que es una elucubración, una idea sin fundamento en la realidad. No es un dogma de fe la creación del Universo en el tiempo. Es sólo una opinión de algunos teólogos, que no han comprendido cómo es el Acto Puro de Dios.

Dios, al crear el Universo, lo saca de Sí Mismo. Éste es el Principio del Universo. Su Final, el Fin del Mundo, será cuando el Universo vuelva a Dios, y siga existiendo, pero dentro de Dios. Ahora, existe fuera de Dios.

Lo que Dios crea es para siempre. Por lo tanto, el Universo es para siempre, es eterno, no es temporal. Pero la existencia tiene formas de vida, de estar en la vida. Ahora, el Universo está fuera de Dios y vive de una manera, puesto que el Universo es un ser vivo. Cuando llegue el Fin del Mundo, el cual todavía tardará, el Universo no se acabará, no se extinguirá, no se destruirá, sino que pasará a otra forma de vida, pero dentro de Dios. Se acabará esta forma de vida para transformarse en otra.

Ahora, también el Universo toma diversas formas de vida, pero fuera de Dios.

Cuando Dios crea, las cosas que saca de Sí, que pone fuera de Sí Mismo, no existían, ni dentro de Dios ni fuera de Él. Sólo se daban en Su Pensamiento, pero no en Su Obra.

El Pensamiento de Dios es siempre una Obra, porque Dios es Acto Puro: no puede pensar algo y quedarse en lo que ha pensado, en sus elucubraciones, dando vueltas a sus ideas, que es lo que hacen todos los hombres. Dios piensa algo y lo obra al mismo tiempo. Luego, cuando Dios piensa el Universo, lo pone por obra. No se da un momento en que Dios piense el Universo y no lo ponga por obra. Por lo tanto, si el Universo sólo existía en el Pensamiento de Dios, pero no en la Obra, se está diciendo que el Universo no se daba dentro de Dios, no existía en cuanto obra dentro de Dios. Y, que cuando Dios lo crea, lo saca de Su Pensamiento, pone por Obra Su Pensamiento: «Él habló y fue hecho» (Salm 148, 5). «Él mandó y fue creado» (Sab 9, 1).

«Creó»: es el verbo griego para explicar que Dios ha creado el Universo de la nada. Este verbo aparece 47 veces en la Sagrada Escritura y siempre refiriéndose a operaciones propias de Dios.

«Los Cielos»: lo primero que crea Dios es el Principio de la vida inteligente. Y, con ese Principio, va a crear las diversas criaturas inteligentes: espíritus puros, seres cósmicos y almas. Crea, también, las Dimensiones, que son esenciales para la vida inteligente.

La teología católica no admite la existencia de los seres cósmicos. Sólo se fija en dos seres: los espíritus o ángeles y las almas. Tampoco conoce la existencia de las Dimensiones o Densidades o Espacios Espirituales.

La teología católica toma la palabra “Cielos” sin límite, es decir, que este vocablo se interpreta de muchas maneras, significa cualquier cosa: lo material, los ángeles, todo el Universo ya perfecto. No reconoce la existencia de una materia de la cual, como causa instrumental, venga lo demás del Universo. Lo empieza a reconocer en el versículo siguiente, cuando el Espíritu está sobre las aguas y va a comenzar a sacar cosas de esa materia informe. «Cielos» es como el sumario de todo aquello que después se narra que ha sido hecho por Dios. Es, para estos teólogos lo que encierra la materia total, es decir, que Dios creó todo el Universo en este versículo primero. Y, por tanto, los demás versículos explican esta creación.

Este planteamiento supone abrir el abanico de las muchas teorías para explicar el origen del Universo. Y, por eso, hay católicos que quieren explicarlo a través del Bing-Bang: Dios crea el Universo, en una explosión de no se sabe qué, en que aparece una célula que se va desarrollando, que se va expandiendo, pero todo está contenido en esa célula en el principio. Otros católicos acuden a su interpretación de la creación instantánea: Dios ha creado todo en su perfección, en un instante, en su estado adulto. No hay, pues, desarrollo, evolución, sino que todo se va, poco a poco, extinguiendo a través del tiempo. Otros prefieren una evolución del Universo, en que Dios va creando las cosas a medida que se van necesitando.

Esta forma de razonamiento es muy común entre los católicos cuando no comprenden las Palabras de la Sagrada Escritura, cuando no las profundizan, sino que van leyendo de corrido y todo lo juntan, lo unen, porque necesitan un argumento para entender lo que leen. Esta búsqueda de una razón que explique lo que se lee ha dado lugar a tantas interpretaciones de la palabra “Cielos” que nadie sabe realmente qué Dios ha creado con “los Cielos”. Esta es la manera cómo se da la confusión entre las personas y cómo nacen las formas de pensar teológicas ancladas en una mentira que se toma como un dogma. Todas las escuelas teológicas han quedado inservibles para dar una respuesta a la Obra Creadora del Universo. Se llenan de palabras, de un lenguaje que ni ellos mismos comprenden para acabar no explicando nada.

«la tierra»: Dios crea el Principio de la vida material, los seres vivos no inteligentes.

El problema de la filosofía y teología católicas es que refieren la vida sólo con el alma, ya sea vegetativa, ya sensible, ya racional. Es decir, niegan que un átomo, el esperma, el óvulo, el agua, el aire, un planeta, una bacteria, etc…, sean seres vivos. Son eso: materia, rocas, polvo, y nada más. Ellos dicen: el mundo no es un viviente por composición de alma y cuerpo, pues ese alma no podría ser vegetativa ni sensitiva ni intelectiva.

La vida no se refiere al alma. El átomo tiene una materia y una forma, que está dotada de movimiento propio, de vida propia. El átomo no es inteligente, pero ha sido creado por Dios para interactuar con la inteligencia del alma y del espíritu. El átomo es un ser vivo, pero esto no significa que con el átomo se puedan explicar todos los fenómenos del Universo, que todo haya nacido del átomo o por la agregación de diversos átomos.

El átomo sirve para lo que ha sido hecho: para crear energía. Y en la multiplicación de la energía está el secreto de la Luz. Cuando se absorbe energía, aparece la materialización, un cuerpo invisible se vuelve visible. Cuando se multiplica la energía, aparece el Sol, la luna originaria, las estrellas, etc…, que eso es el primer Día de la Creación.

Dios crea la Tierra. La substancia de la tierra es el polvo. La Tierra está compuesta de granos de polvo. Todo lo que se tira vuelve a la Tierra y se regenera, porque la materia es siempre la misma, polvo, que se recicla continuamente. Si se reduce en polvo una roca, sólo se obtiene polvo, la misma sustancia transformada. En la multiplicación del polvo está el secreto del Universo. Por eso, de la Tierra vendrán todos los planetas, los sistemas solares, el Universo, el Multiverso, el cuerpo del hombre, su esperma, el óvulo… La Tierra es un ser vivo, una célula viviente, creada para dar vida a los demás planetas.

Dios ha creado el agua. Y el agua está en todo el Universo. Todos los planetas tienen agua, porque no son desiertos, rocas inertes, son seres vivos. El agua es el Principio de la Vida. Todo ha nacido en el agua. El agua está tanto en los Cielos, en las Dimensiones, como en todos los planetas. Por eso, el mar es una Dimensión en la tierra, es otra cosa de lo que vemos.

Si no se contempla al Universo como un ser vivo, sino como pedazos de roca que se mueven allá arriba no se sabe por qué, por causa de diversas fuerzas oscuras, entonces no hemos entendido lo que es Dios: Dios es Vida. Y todo cuanto saca de Sí Mismo es, también, vida, hace referencia a la vida.

¿De dónde viene la vida? Eso es un misterio que ninguna criatura puede descifrar. Nadie conoce el origen de la vida. No se puede explicar el origen ni de la vida inteligente, ni de la vida de un átomo. ¿Cómo Dios crea un alma? No está revelado. Y los hombres que se afanan por manipular la vida con la fecundación artificial o los seres cósmicos que, a través de la abducción, pretenden llegar a la raíz de la vida del alma, sólo se estrellan, trabajan en balde, porque la Vida está unida sólo a Dios. Y se podrá matar un cuerpo, pero nunca destruir la Vida.

Se puede contaminar la Tierra, como lo hace el hombre moderno con su estúpida tecnología. Pero nadie puede destruir para siempre la Tierra, pues es un ser vivo, es vida. Y, por eso, la luna originaria que destruyó el demonio, cuando se propuso adueñarse de la tierra para destruirla, volverá a estar en su lugar en los Cielos Nuevos y en la Tierra Nueva, en esa Tierra, que será la misma de ahora, que tendrá la misma substancia que tiene ahora, polvo, pero será una Tierra transformada, un polvo que se multiplica, que es el secreto de la Nueva Tierra.