La luna original: una luminaria

La luna original: una luminaria


Al Principio de la Creación… el Planeta Tierra estaba totalmente inmóvil,
y no giraba sobre sí mismo, y también su «verdadera Luna» estaba fija.
.

Muchas tradiciones persisten que, en algún momento, en el pasado, la Luna era mucho más brillante de lo que es ahora, y más grande en apariencia que el Sol.

La primera mención de este astro se encuentra en el primer capítulo del Génesis (14-19):

«Dios dijo: «Que haya astros en el firmamento del cielo, para distinguir el día de la noche; que ellos señalen las fiestas, los días y los años, y que estén como lámparas en el firmamento del cielo para iluminar la tierra». Y así sucedió. Dios hizo los dos grandes astros: el astro mayor para presidir el día y el astro menor para presidir la noche, y también hizo las estrellas. Y los puso en el firmamento del cielo para iluminar la tierra, para presidir el día y la noche, y para separar la luz de las tinieblas. Y Dios vió que esto era bueno. Así hubo una tarde y una mañana: este fue el cuarto día».

La Luna original -de la cual se habla en el Génesis- tenía una función y una naturaleza análogas a esas del Sol, o sea “gobernar” la “noche” como verdadera y propia “fuente de luz” (en latín “luminare”, en griego φωστἡρ, en hebreo מא וך (maur)).

En el salmo 74(73), versículo 16, se lee:

a tí [pertenece] el día, en efecto, a tí la noche; tu has establecido el Luminar מא וך (maur) y el Sol.

En muchas fuentes rabínicas se afirma que el Sol y la Luna eran igualmente brillantes al principio.(1)

Los aborígenes del Nuevo Mundo hicieron la misma declaración:

«el Sol y la Luna tenían igual luz en el pasado» (2)

En el otro extremo del mundo, los japoneses afirmaron lo mismo: la Crónica de Nihongi dice que en el pasado

«el resplandor de la luna estaba al lado del del sol en esplendor». (3)

Las tradiciones de muchos pueblos sostienen que la Luna perdió gran parte de su luz y se volvió mucho más tenue de lo que había sido en épocas anteriores.(4)

Para que el Sol y la Luna emitan una luz comparable, según algunos científicos, la Luna debe haber tenido una atmósfera con un alto albedo (poder de radiación) (5), o debe haber estado mucho más cerca de la tierra. En este último caso, la Luna habría aparecido más grande que el Sol.

Si la luna originaria fue una luminaría, entonces tendría su propia luz, su propia energía y, por lo tanto, no sería necesario el alto poder de albedo para poder reflejar la luz del Sol, sino que daría su propia luz.

Los astrónomos babilónicos computaron el diámetro visible del Sol como sólo dos tercios del diámetro visible de la Luna, lo que establece una relación de cuatro a nueve para las superficies iluminadas. Esta medida sorprendió a los estudiosos modernos, que son conscientes de la exactitud de las mediciones hechas por los astrónomos babilónicos, y que razonan que durante los eclipses se puede observar fácilmente la igualdad aproximada de los discos visibles.(6)

La Luna originaria fue sustituída por lo que se llama Luna, la cual sirve para contrastar y hacer sombra al Sol y así haya menos LUZ y menos VIDA. También, es usada para manipular la vida de todo el planeta Tierra y de los hombres, en sus almas y en sus cuerpos.


Notas

  1. Targum Yerushalmi, Génesis 1:16 y Números 28:15; Hullin 60b; Midrash Breishith Rabba. Otras fuentes en Ginzberg, Legends V. 34ff.

  2. [B. de Sahagun, Historia general de las cosas de la Nueva España [Cf. la tradición peruana escrita por Pedro Sarmiento de Gamboa en el siglo XVI, según la cual Viracocha creó la luna más grande que el Sol: Historia de los Incas, ch. 7.]

  3. Nihongi, Chronicles of Japan from the Earliest Times, transl. por W. G. Aston (1896), Libro I, pt. 1.

  4. Cf. S. Thompson, Motif-index of Folk Literature (1932); cf. Ginzberg, Legends VI. 35; Handbook of South American Indians (American Bureau of Ethnology [Washington, 1948], Vol. II, p. 515).

  5. [Cf. Yu. B. Chernyak, “On Recent Lunar Atmosphere,” Nature, 273 (15 June, 1978), pp. 497ff. El autor encontró “ evidencia teórica de una atmósfera considerable en la Luna durante gran parte de su historia.”]

  6. E. F. Weidner, Beitraege zur Assyriologie VII, Heft 4 (1911), p. 99; cf. idem, Handbuch der Babylonischer Astronomie (1915), p. 131. Cf. “Gewichte” by Lehmann-Haupt in Pauly-Wissowa Supplements.