Los seres extraterrestres


Los seres extraterrestres

El hombre ha dado vida a los extraterrestres


Los seres extraterrestres no existen, porque Dios no los ha creado. Dios ha creado los espíritus puros, los seres cósmicos y las almas, en el plano espiritual o invisible, y los demás seres que pertenecen al plano material, visible, como son las plantas, animales y el hombre.

Para entender la existencia de los extraterrestres, hay que analizar el pecado original. Los extraterrestres existen sólo a causa del pecado original. Si no se hubiese dado este pecado, no existirían los seres extraterrestres. Aquel que no crea en el pecado original, sólo vive en su ignorancia, en su oscuridad intelectual, y no podrá nunca estudiar bien ni definir lo que es un ser extraterrestre.

El pecado original es un pecado de hibridación, que consiste en engendrar un hijo, Caín, en una hembra animal prehumana, conocida como Eva.

Los seres extraterrestres no dan Gloria a Dios ni son necesarios en el Universo. Si se da alguna Gloria a Dios es por la obra de la Justicia Divina, que atañe al pecado, pero no por Creación, no por la obra del Amor de Dios, que crea un ser para que le dé Gloria.

Estudiar los seres extraterrestres es necesario cuando se vive en el primer escalón del infierno, que es esta economía del pecado original en la que el hombre está envuelto, con el fin de saber luchar en contra de esos seres.

La lucha es, ante todo, espiritual. Pero hay que saber lo que significa esta lucha espiritual, porque estos seres extraterrestres tienen un cuerpo físico, que puede ser visible para los hombres.

Lo que se llama ser extraterrestre es sólo un hombre, un ser humano, que está viviendo o en la Tierra o fuera de Ella, en otros Planetas.

Y, por lo tanto, estudiar a un extraterrestre es estudiar a un hombre, a un ser humano. Si la ufología quiere llegar a ser una ciencia, tiene que empezar por acá, por poner su objeto de estudio en el hombre, no en algo no determinado o que no se puede conocer o identificar. De esta manera, la ufología necesita de la verdadera espiritualidad o de la teología para no descarriar el camino de su estudio.

Dios ha creado al hombre en el Planeta Tierra, no fuera de Él. Muchos ufólogos pretenden enseñar lo contrario, es decir, que el hombre fue creado en otros planetas, en otras partes del Universo, por seres extraterrestres, y que la vida en la Tierra fue traída por ellos.

Y Dios puso al hombre creado en el Paraíso, con una serie de dones sobrenaturales para poder obrar la misión que Dios le pedía.

El primer hombre, estando en el Paraíso, cometió el pecado original.

Desde ese momento, el ser humano se divide en dos razas: los hijos de Dios y los hijos de los hombres. Los primeros son genéticamente puros; los segundos, genéticamente hibridados.

El ser humano está compuesto de tres elementos: alma, espíritu y cuerpo.

La diferencia entre las dos razas está sólo en sus cuerpos. Son dos razas distintas, pero que pertenecen a una misma esencia. Las dos razas son esencialmente lo mismo: un ser humano. Pero una raza, la de los hijos de Dios, tiene un cuerpo puro, sin ninguna mezcla de ADN, que da lugar al hombre espiritual, y la otra, la de los hijos de los hombres, tiene un cuerpo hibridado, que da lugar al hombre carnal, es decir, a un animal dotado de razón.

Ambas razas convivían en el mismo terreno. No había continentes ni naciones.

Los hijos de Dios vivían más tiempo que los hijos de los hombres, porque éstos tenían un cuerpo hibridado destinado a la muerte y a la extinción, como el de los animales. El cuerpo de los hijos de Dios no conocía la muerte física, pero sí la muerte según Dios, es decir, el paso de una dimensión a otra una vez completado el ciclo de vida. En esta muerte divina, el alma no se separaba del cuerpo, sino que llevaba a su cuerpo de la vida en la Tierra a la vida en Dios.

Los hijos de Dios están destinados, por naturaleza, a vivir eternamente con sus cuerpos, sin posibilidad ni de extinción ni de aniquilación ni de evolución. Ellos ni mueren, ni tienen enfermedades, ni sufren ningún dolor. No hay en ellos ninguna ignorancia ni error. No necesitan el dinero para vivir ni tener bienes materiales para dar sentido a su vida.

Los hijos de los hombres están destinados a la extinción. Por eso, la raza humana genéticamente hibridada desaparecerá, naturalmente, en el Reino Glorioso de Cristo. Ellos buscan siempre lo artificial, lo económico, lo material, lo carnal, para llegar a una perfección no natural, y constatan que nunca llegan a dar sentido a su vida.

Ambas razas progresaron en ciencia sobre el Planeta Tierra y colonizaron otros Planetas. Cada raza llevó su forma de vida a otros Planetas y se multiplicaron: unos, la vida espiritual, otros, la vida carnal, material. Así, aparece el ser humano en todo el Universo.

El primer Hombre vivió siglos y siglos sobre el planeta Tierra, con todos los dones sobrenaturales que Dios le dio. Dones que alargaban naturalmente su vida en la tierra para llevar a cabo la Obra de Dios. Esos dones no se perdieron en él por el pecado original, pero no pasaron a sus descendientes, con lo cual, el primer Hombre sobresalía por encima de todos los demás hombres, en ciencia, en poder y en obras. Sus obras eran destinadas a tener una raza de esclavos que le sirvieran como a su dios.

El primer Hombre, usando sus dones, obró el pecado de la manipulación genética, que consiste en procrear con su semen, en un tubo de ensayo, multitud de razas híbridas. Éstos son seres sin alma, porque todo lo que se concibe en un tubo de ensayo es siempre un ser monstruoso, es decir, un espíritu inteligente en una carne, para una obra y una vida abominable, absurda, sin sentido, que es la propia de los demonios.

Estos seres híbridos, por tanto, son seres sin alma, son demonios o ángeles caídos, que se encarnan en una carne hibridada y manipulada en un tubo de ensayo. Son fruto de experimentos genéticos para ser usados para fines de poder, de ciencia y de maldad.

Estos seres híbridos, en su apariencia exterior, se parecen a los hombres, se reproducen como ellos, viven y obran como ellos, pero no son hombres. Tienen un cuerpo, un espíritu, pero no tienen un alma. Son seres biológicos, son espíritus envueltos en un cuerpo, que viven una condición de vida, una forma de vida no humana, sino marcada por su espíritu. Es una forma de vida demoniaca.

Estos seres híbridos también evolucionaron en ciencia y colonizaron otros planetas. Así, en el Universo, se dan tres razas diferentes: los hijos de Dios, los hijos de los hombres y los seres biológicos.

Estos seres híbridos tienen el objetivo de conquistar y someter al hombre, en sus dos razas. Y así, se suceden las guerras, tanto en la Tierra como en otros planetas. Guerras que continúan hoy día todavía. Guerras que se combaten sólo entre los hijos de los hombres. Los hijos de Dios no toman parte en estas guerras, porque ellos han alcanzado ya el Reino de los Cielos.

La vida en la tierra es solamente el dominio que estas razas híbridas ejercen sobre los hombres. Están en el poder y, desde allí, lo manejan todo para tener como esclavos suyos a la raza humana.

Para comprender los tiempos que vivimos hay que entender la obra de estas razas híbridas.

Son los tiempos en que se ha cumplido los mil años de la Bestia. Estos mil años tuvieron su inicio en el Paraíso. Allí estuvo la serpiente para engañar al hombre y moldearlo según su inteligencia y poder maléfico. Allí estaba el demonio, un ángel caído, un ser cósmico, con un cuerpo visible de animal. Por el pecado original, Dios le da al demonio su milenio, su tiempo de obrar, en donde Dios lo permite todo al demonio, sin impedirle nada, lo deja suelto en todo el Universo. Ese milenio son 50 millones de años. Ese milenio finaliza ahora. Y, por eso, en el año 1940, Satanás deambula en un cuerpo físico sobre la tierra. Si estuvo al principio en el Paraíso para iniciar su obra demoniaca en el hombre, también está al final de su obra en la tierra, para concluir lo que comenzó. Y hay que saber verlo en su última faceta.

Satanás ha venido como un ser extraterrestre. Y ha traído sus agentes, en forma humana, que se han multiplicado y han atacado en todas partes. Han entrado en los lugares más altos de los gobiernos del mundo y en la Iglesia.

El 666 es el ejército de Satanás, seres biológicos sin alma, que está suelto sobre la tierra, y que entró en 1972 en la Iglesia para hacer la batalla final contra la Jerarquía. La Iglesia está llena de seres sin alma. Y son, en lo exterior, Obispos, Cardenales, sacerdotes, religiosos. Y nadie reconoce sus rostros del mal. Nadie los ve como demonios encarnados. Los católicos sólo entienden al demonio como espíritu puro, no como un ser en una carne. Por eso, los católicos han quedado engañados – y continúan en el engaño- por todo lo que ha sucedido en la Iglesia durante estos años.

Satanás ha hecho una gran batalla sobre la Iglesia: ha entrado en los corazones de los que han ocupado los lugares más altos de la Iglesia. Ha quitado de en medio a los Papas, los ha encarcelado, los ha matado y ha puesto clones o sosias, para dirigir la Iglesia a su obra demoniaca.

Satanás ha metido en las mentes de los hombres todo su conocimiento diabólico, como en el Paraíso lo metió en el Primer Hombre. Ahora, le es más fácil, porque tiene una raza humana manipulada e hibridada por él mismo, a la que es facilísimo de encerrarla en una condición de vida carnal, material, económica, artificial. El hombre de hoy sólo piensa en el dinero y eso es lo que Satanás ofrece. Satanás ha dado a la humanidad toda clase de riquezas para cegarla en lo espiritual.

Satanás ha avanzado todos estos años arrasando a las naciones; él ha penetrado todas las formas de vida y de las actividades humanas. Se ha metido en todo, porque los hombres lo han dejado entrar con sus malditos pecados. El hombre se ha entregado a poderes que no comprende, que no conoce su maldad y lo desastroso que son para su naturaleza humana. Lo oculto, los fenómenos psíquicos, las nuevas tecnologías. Es el tiempo de los muchos milagros y fenómenos inexplicables que estos hombres sin alma pueden hacer para engañar a todo el mundo, para la esclavitud del mundo entero.

En su búsqueda de conocimiento, el hombre ha estado buscando y ha encontrado a Satanás en todo el campo de la ufología. Demonios, seres biológicos, que hablan con los hombres y les comunican sus pensamientos demoniacos, les enseñan sus formas de vida, los educan para ellos.

Los seres extraterrestres están ahí. Es el hombre, en su pecado, el que ha dado vida a estos seres biológicos, y no al revés. Ahora, estos seres dominan a sus creadores, los hombres, y éstos los toman como dioses y creadores del ser humano, como seres superiores a ellos.

Para la mayoría de los mortales, los extraterrestres son sólo una cuestión mitológica, una leyenda, ciencia ficción, pero no una realidad que es necesario discernir para no caer en el engaño en que han caído muchos.

Se lucha contra estos seres con las armas del Espíritu. Armas que, para ser obradas, necesitan de una vida totalmente espiritual. Mientras los hombres sigan planeando su vida según el dinero que pueden conseguir estarán siempre esclavos de los poderes de estos seres biológicos. Hoy día, con las nuevas tecnologías, se entra en la mente de los hombres y se los guía con gran facilidad. Estos seres biológicos están adelantados, en tecnología, 15.000 años. Pueden hacer de todo, hasta curar enfermedades. Pero nada van a hacer hasta que no se someta toda la raza humana a su ciencia, a su poder, a sus obras maléficas.

Estamos en el final de los tiempos. Son tiempos extraordinarios. Todo va a cambiar. Y se necesitan caminos extraordinarios para poder vivir estos tiempos y salir airoso de ellos.