Plástico en los alimentos

Una investigación demuestra su presencia en el intestino.
Numerosos alimentos contaminados


de Francesco Volpi


Pacific Trash Vortex – la gran isla de plástico convertida en símbolo de la contaminación marítima–  continúa, plácida, su navegación en las aguas del Pacífico. Mancha indeleble en la conciencia del hombre consumidor, cerrado en su egoismo, indiferente respecto al impacto de su obra en la naturaleza. Y sobre todo, inconsciente de su papel de anillo – aunque noble – de una cadena más amplia, no inmune al peligro de peligrosas repercusiones provocadas por cada gesto de incivilidad. Es el ecosistema, la belleza, y nosotros estamos dentro de él.

El estudio

A recordárnoslo, entre otros, un estudio reciente de la universidad de Viena dirigido por el doctor Philip Schawbl, cuyos resultados se presentaron en un anticipo al congreso de Gastroenterología de la Europa unida. La investigación, por primera vez, ha demostrado la presencia de microplásticos en el interior del cuerpo humano. ¿Cómo? A través del análisis de las heces de 8 personas. La muestra analizada estaba formada de 3 hombres y 5 mujeres de edad comprendida entre los 33 y 65 años, provenientes de diferentes Paises de la Ue (Finlandia, Italia, Japón, Holanda, Polonia, Rusia y Austria). A cada uno se pidiò de mantener un diario de alimentos durante aproximadamente una semana. En este lapso de tiempo se les exigía que comieran alimentos envueltos en plástico; seis han consumido pescado, otros han masticado habitualmente chewingum. Todos, en general, bebieron unos 750 ml de agua contenida en botellas de plástico. Al final, los sujetos para analizar enviaron a los expertos una muestra de excrementos. Resultados impactantes: por cada 10 gramos de heces se han individuado 20 partículas microplásticas. Pero también fragmentos de Pet (componente principal de las botellas) y propilene.

Resultados

Hasta ahora, la presencia de estos materiales en nuestro organismo había sido solo teorizada. Con el estudio austríaco – que en todo caso tendrá que repetirse en una muestra más amplia – los temores parecen confirmarse. «Ahora que tenemos las primeras evidencias sobre la presencia de microplásticos en nuestro cuerpo – ha explicado Schabli – debemos llevar a cabo más investigaciones para entender qué impacto tenga todo esto en la salud humana«. Las partículas más pequeñas, continuó, «están en grado de entrar en circulación con la sangre, en el sistema linfático y alcanzar incluso el hígado«.

Dudas

Pero, no todos los estudiosos están convencidos de la correlación entre la presencia de este material y los alimentos.»Es posible que la mayor parte de los microplásticos provenga del polvo doméstico, del uso de envases y recipientes de plástico o, por ejemplo, de las fibras de nylon de los secadores» observó el prof. Alistar Boxall de la Universidad de York (Reino Unido) en una entrevista en el Science Media Center, solicitando que se realicen nuevos, y más amplios, test. Más drástico fue Martin Wagner, biólogo de la Universidad de Noruega de ciencia y tecnología: «Es un estudio a pequeña escala, en absoluto representativo. Incluso es posible que el plástico encontrado sea del mismo laboratorio».

Plastico en los alimentos

Dudas sobre el método, por lo tanto, no por el mérito. Por lo demás, la presencia de plástico en animales comestibles destinados a nuestras mesas, ha sido probada por numerosas investigaciones. La última, de los últimos días, se refería a los peces de agua dulce. Se trata de un estudio realizado sobre la fauna acuática de la Amazonia y publicado en Environmental Pollution. Materiales nocivos han sido encontrados en el 80% de las especies. «Es un descubrimiento inquietante que esta contaminación se haya extendido en toda la cuenca del Amazonas – ha comentado Tommaso Giarrizzo, especialista en ecología acuática en la Universidade Federal do Parà (Brasil) -.

Aunque si los efectos del consumo de microplásticos en los seres humanos son en gran parte desconocidos, nuestros datos representan una preocupación para la salud pública, porque la Amazonia tiene el mayor consumo per cápita de pescado en el mundo«.

Otra investigación, esta vez de la Universidad Heriot-Watt de Edimburgo, reveló que en cada comida ingerimos unas 114 partículas de plástico, por un total de 68.415 al año. ¿Pero cuáles son los alimentos incriminados? La lista es larga: peces, crustáceos, moluscos (solo un plato de mejillones puede contener hasta 100 fragmentos), sal de mesa (ha sido encontrado en el 90% de las muestras examinadas por un equipo conjunto de investigadores de Greenpeace y de la Universidad de Incheon en Corea del Sur) pero también miel y cerveza. Luego el agua, no solo en botella pero también la del grifo. El uso de platos y vasos de plástico, de vestidos sintéticos y, en general, cualquier forma de contacto hambiental con este material representa potencialmente un factor de riesgo.

El problema

Ninguna investigación, como ya dicho, actualmente está en grado de predecir posibles efectos sobre nuestro cuerpo. Pero que el ecosistema se encuentre en un estado de progresiva contaminación, debida casi exclusivamente al factor humano, ésto si, podemos decirlo. La toma de conciencia del problema es fundamental, si queremos intervenir a tiempo.